Cuatro límites a la mediación

imagen1Sé que prometí que el próximo día hablaríamos de la co-mediación, pero hoy traigo un tema que puede ser interesante: los límites que hacen que mediar no sea posible. No se trata de un repaso exhaustivo, pero os puede ayudar a decidir a aquellos que os estéis planteando acudir a una mediación.

La mayoría de conflictos y temas son mediables, y nunca es tarde para sentarse a dialogar. Pero aun así conviene tener en cuenta cuatro características que hacen que un caso no pueda ser aceptado en mediación:

1. Las partes no tienen capacidad de decisión

Uno de los objetivos de la mediación es ayudar a las partes a tomar decisiones. Por ello si existen motivos que impiden que éstas tomen una decisión por ellas mismas esa mediación será imposible y deberá detenerse (o no ser aceptada).

Por ejemplo, las partes pueden tener un poder de decisión limitado: una vez gestioné un caso en una empresa en que la decisión tomada en mediación debería haber sido refrendada por dos instancias superiores más. Evidentemente, esa mediación no fue posible, ya que el representante de la empresa no era quien tenía la última palabra: podría haber llegado a un acuerdo que no necesariamente hubiese sido aceptado por sus superiores.

Esto se da también cuando existen incapacidades de tipo psicológico, sean permanentes o temporales. Recuerdo por ejemplo el caso de una pareja en trámites de separación. Una de las partes había caído en una profunda depresión y empezó a tener problemas de adicción a la bebida. Cuando se toman decisiones en esas circunstancias es probable que pasado un tiempo nos acabemos arrepintiendo de ellas. En ese caso, como mediador suspendí la mediación y sugerí a la parte más afectada que buscase terapia o algún tipo de apoyo psicológico antes de continuar con la mediación.

 

2. Altas dosis de violencia

No conozco ningún conflicto que no implique algún tipo de violencia (gritos, insultos, hablar mal de la otra parte…). Pero cuando las dosis de violencia son demasiado altas, y especialmente cuando ha existido violencia física, la mediación no es posible.

El proceso de mediación ha de ser un espacio seguro, donde las partes estén plenamente empoderadas; cuando hay violencia esto no es así. Por otra parte, en el caso de conflictos de tipo penal la misma ley pone muchos frenos a la mediación, por ejemplo, en casos en que haya existido violencia doméstica, bullying, acoso sexual u otros delitos penales.

Cada vez cobra más relevancia la opción de la mediación penal o justicia restaurativa, un nombre que a mí me gusta más. Se trata de promover un acercamiento entre víctima y victimario y no tanto de negociar sobre el hecho que ha sucedido. Este tipo de mediación promueve el perdón, el hecho que la víctima pueda seguir adelante y allí dónde es posible la reconciliación. Pero éste es un tipo de mediación que merece un capítulo aparte.

 

3. Cuando el tiempo es un factor

reloj-de-arena_2708451A veces nos podemos encontrar ante casos en que el conflicto no es el problema sino factores externos al mismo: la distancia física entre las partes, el tiempo… Y es que a veces el tiempo juega en nuestra contra.

Recuerdo el caso de una mediación por gestión de deudas en que a una de las partes se le despertó un súbito deseo de dialogar y pidió una mediación. Al hablar con ambas partes comprobé que todavía no se había presentado ninguna denuncia y que el plazo para hacerlo expiraba al cabo de 15 días. La intuición del mediador fue que el deudor estaba usando la mediación como una táctica para ganar tiempo y que esa deuda prescribiese. Mi actuación antes de continuar fue aconsejar a las partes que consultasen a sus abogados antes de continuar y que se asegurasen de los términos de prescripción para ese tipo de asuntos.

 

4. El mediador no está capacitado

Finalmente, nos podemos encontrar con que el obstáculo no esté ni con las partes ni con el conflicto, sino con el mediador. Una primera pregunta que debemos hacernos es si seremos capaces de ser plenamente neutrales e imparciales. Si estamos tratando un asunto laboral y en algún momento de nuestra carrera hemos sufrido acoso laboral o desmotivación existe el riesgo de que nos identifiquemos demasiado con una de las partes.

En segundo lugar, debemos preguntarnos si estamos plenamente capacitados para aceptar una mediación. El tipo de casos que nos llegan a los mediadores es muy diverso y a veces podemos tener la tentación de aceptar todo tipo de casuística. Pero, aunque compartan algunas características, no es lo mismo un conflicto familiar que uno comercial, por defectos de construcción, en empresa familiar o hipotecario. De cara a los mediados no hay peor sensación que la de estar exponiendo un problema del cual el mediador no acaba de dominar. Y esos se nota.

Una alternativa -de la que hablaremos en el próximo capítulo- es la co-mediación, que permite combinar los conocimientos y experiencia de distintos profesionales.

 

Como siempre, espero vuestros comentarios; para cualquier duda me podéis contactar en: mediacio@dialoga.ad. También estaré encantado de recibir vuestras sugerencias sobre temas a tratar. Hasta el próximo día.

 

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Quant a Ramon Tena

Soy mediador y formador en gestión de conflictos. Actualmente impulso el proyecto de emprendimiento social Dialoga y desde hace dos años soy miembro del Pool of Trainers del Consejo de Europa. Colaboro con empresas, universidades y organizaciones nacionales e internacionales en el desarrollo de competencias para transformar el conflicto en cooperación.
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